«Este piano se afinó con el diapasón de la casa, no con el de ahora. Cuatro cuerdas quedaron flojas; el que las apriete y toque el acorde abrirá el atril.»
Toca la cuerda junto al diapasón y aprieta la clavija hasta que el batido desaparezca. Mientras se oiga temblar, no está.
El atril del Erard no se levanta: está trabado por dentro y el mecanismo responde a cuatro cuerdas bien tensadas. La casa afinaba a cuatrocientos treinta y cinco, no a cuatrocientos cuarenta, así que el diapasón de bolsillo no vale de nada. Lo que sí vale es el oído: dos notas casi iguales tiemblan, y cuando dejan de temblar es que son la misma.
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