Quintana lleva veintidós años de sereno y no ha prendido ese fuego. Pero alguien entró con llave, y las llaves las lleva él. No va a confesar nada porque se lo pidas: solo suelta lo que ya no puede negar. Cada respuesta que le saques te da con qué apretar en la siguiente. Y cada pregunta a bocajarro lo cierra un poco más.
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