«Lo que hay en el plato no se ve porque el trazo es de agua. Al secar, la sal se agarra al trazo y lo dibuja.»
«Si secas de golpe queda polvo. Si secas demasiado despacio, el grano crece y come el dibujo. Y con poca sal no hay con qué pintarlo.»
En la alacena quedó un plato de barro vacío y un cuaderno con anotaciones sobre secados. El plato no está vacío: lleva un trazo hecho con agua limpia, invisible, esperando a que alguien lo cubra de salmuera y la seque como es debido. Ni de golpe ni con calma: en su punto.
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