El velador que dejó Cortázar en el almacén es un amasijo de listones sin sentido. Pero con los focos encendidos de uno en uno, cada pared recibe una silueta distinta.
Tres focos, tres sombras, tres letras. En ese orden: derecha, fondo y suelo.
En el almacén hay un armatoste de listones que no parece nada: ni figura, ni mueble, ni maqueta. Cortázar lo dejó en el centro de la sala de proyección con tres focos apuntando desde tres sitios distintos, y una nota que decía que la pieza no había que mirarla a ella.
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