El dial está lleno de señales y la mitad no existen: son imágenes y subarmónicos que fabrica el propio receptor.
Para saber si una señal es de verdad, conmuta el oscilador: una emisora real no se mueve del dial; un fantasma salta.
En algún punto de la banda de onda corta, una voz lee grupos de cifras y se calla. El receptor de la estación es viejo y fabrica señales que no existen: imágenes de otras emisoras y subarmónicos que suenan igual de claros. Hay que encontrar la voz de verdad antes de que termine la emisión.
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