Cinco de los seis cambios pudo hacerlos el propio huésped antes de morir, o el paso del tiempo. Uno solo exige que entrara alguien después. En el inventario del cadáver constaba su llave, la única de la habitación 14.
Eres la camarera de planta. Abres con la llave maestra, ves lo que hay dentro durante menos de un minuto y bajas corriendo a avisar. Cuando la comisión judicial sube, a las nueve, hay seis cosas que no están como tú las viste. Nadie más entró. Nadie más puede decir cómo estaba antes.
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