El carrito lleva un imán con el polo norte hacia arriba. Cae por su peso desde el portillo y no se le puede tocar: lo único que se puede hacer es atornillar imanes en los zócalos de latón y dejar que el campo lo desvíe.
Tienes dos imanes. Toca un zócalo para poner uno; tócalo otra vez para darle la vuelta; una tercera lo retira.
Una mesa inclinada con fieltro, dos travesaños de nogal, una torre en medio y, al fondo, la copa de bronce. Todo lo que cae y no entra en la copa se va por la rejilla. El carrito no se toca: se le pone campo delante y se le deja caer. Dos imanes, y cada uno puede ir por la cara que atrae o por la que repele.
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