La imprenta Lladó ardió entre las nueve y las once de la noche del 9 de octubre. Cuatro personas tenían llave y ninguna estaba en su casa. Las cuatro declaran, y una miente. En el tablón está todo lo que el juzgado ha podido probar: sitúa a cada una en el lugar donde realmente estuvo, y el que quede en la imprenta es el que prendió la mecha.
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