El cronómetro del Ilaria se adelanta cuatro minutos al día sin pararse nunca. Hay que decir qué pieza falla antes de abrirlo: si se desarma sin diagnóstico, pierde la certificación.
Tres pruebas en el banco. Ninguna basta sola; hacen falta al menos dos.
Un cronómetro de marina se adelanta cuatro minutos al día y no se para jamás. Por dentro todo parece correcto: el volante gira, el áncora suelta los dientes uno a uno y el tictac suena. Pero un escape averiado suena distinto de uno sano, y el banco de pruebas sabe escuchar lo que el oído no distingue.
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