Cuatro camarotes, cuatro pasajeros. De cada uno consta su destino, su equipaje y la hora a la que embarcó, pero todo revuelto en notas sueltas.
Un golpe de mar entró por la escotilla y el libro de pasaje quedó ilegible. Quedan once notas del sobrecargo y con ellas se puede reconstruir entero: quién va en cada camarote, adónde, con qué equipaje y a qué hora subió a bordo. Ni una nota sobra.
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