El precinto no se abre con llave: se abre contestando. Golpea la barra con el mismo compás que dicen los remaches del cordón de soldadura.
Golpe corto = punto · golpe largo = raya. Cada cifra son cinco señales exactas, así que el grupo se cierra solo al quinto.
La tabla de Morse lleva atornillada a la puerta desde 1974 y nadie la había mirado nunca: parecía parte del contenedor. El mensaje tampoco parpadea en ninguna luz — está en los remaches del cordón de soldadura, redondos y alargados. Y el precinto no se lee: se contesta.
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