Toca una cuna y luego el matrimonio al que la asignas. Solo hay un reparto que no contradiga ninguna ley de herencia.
Cuando volvió la luz, las tres pulseras de identificación estaban en el suelo. Nadie recuerda qué niño estaba en qué cuna y las tres madres llevan desde el amanecer en el pasillo. Lo único que hay es el libro de partos, con el grupo sanguíneo de los seis padres, y el análisis de esta mañana de los tres recién nacidos.
—